Hasta en las mejores familias

Muy probablemente usted sea parte de esta historia, como padre, madre o hijo.

Me refiero a que en las últimas décadas el incremento de divorcios a nivel mundial viene escalando posiciones y por el otro lado, el descenso en los matrimonios también.

Hace 50 años era muy difícil, casi excepcional encontrar parejas en unión libre, sobretodo con hijos, o personas divorciadas de ambos sexos, que no manejaran una condenatoria social, implícita o explícita, ya que la gente se casaba “para toda la vida” y las “mejores familias” estaban integradas por una ceremonia, hijos reconocidos y apellidos compartidos.

Pero esto ya no es así y las posibilidades de que un matrimonio funcione – no digo se mantenga-, se van haciendo más limitadas por muy diversas razones. Una de estas, es que las mujeres a partir del uso de métodos anticonceptivos así como una mayor integración en distintos niveles de la sociedad han ganado una independencia que no tenían en las sociedades occidentales, u occidentalizadas, donde ya no requieren ser de alguien para ser ellas mismas y son mucho más dueñas de sus acciones y destino.

Otra es que, efectivamente, el ritmo de vida actual limita el tiempo y espacios de convivencia y comunicación, y ya sabemos que a lo largo de nuestras vidas pasaremos muchas más horas con nuestros compañeros de trabajo que con las familias. Además, con tanta tecnología disponible, ese espacio que puede tener el núcleo familiar, muchas veces se limita a estar sentados juntos, cada uno en lo suyo y comunicándose con otros, totalmente ajenos a los que están al lado.

Veamos algunas cifras que nos enfocan más directamente en este tema, y que son producto de un estudio bastante reciente de Business Insider, para responder la pregunta de en qué países del mundo occidental hay más divorcios.

Bélgica encabeza este poco alegre dato con un 70% , seguido por Portugal con 68%, Hungría con 67%, República Checa con 66%. España, a pesar del peso del catolicismo tiene un 61% de divorcios, y Estados Unidos registra un 53% de rupturas matrimoniales. En América Latina Cuba encabeza la lista con 56%, mientras Panamá y Venezuela comparten un 27%, Brasil un 21%, Ecuador 20%, México 15%; en el extremo opuesto, Guatemala y Chile se colocan entre las naciones con menos divorcios en el mundo con 5% y 3% respectivamente.

En Costa Rica la situación ascendente de los divorcios también es preocupante, ya que según datos del Tribunal Supremo de Elecciones y el Instituto Nacional de Estadística y Censo, entre el 2001 y 2011 los divorcios aumentaron un 43,74% mientras que los matrimonios solo un 4,89%. Esto significa que si en 2001 se divorciaron 100 parejas, en 2011 lo hicieron 144. El total de divorcios inscritos ante el TSE en el año 2001, fue de 7.084 y en el 2011 alcanzó los 12.592, duplicando la cantidad de separaciones en la última década. Mientras que en el 2001, por cada 10 matrimonios hubo 3 divorcios, en el 2011 esta tasa aumentó a 1 divorcio por cada 2 matrimonios.

Hace algún tiempo leí un estudio que señalaba que cualquier cosa en materia de relaciones de pareja y familia que se consideró negativa o disfuncional en el siglo XX  o antes será la norma en este que ya vivimos, y con esto no quiero decir que los matrimonios convencionales, las familias como las conocimos por muchas generaciones estén mal, al contrario, creo que mantener un núcleo de esa manera, sobretodo si se basa en el amor, respeto y cosmovisión compartidos, es un marco estupendo para las parejas e hijos.

Pero cada vez son menos los que lo logran y millones de personas en el mundo están viviendo otras modalidades de familia, así como otros millones viven solas, sin que esto deba ser calificado como disfuncional, fracaso o algún otro epíteto que reduzca la autoestima de quienes se encuentran en ese estado por distintas circunstancias.

Las aulas escolares, los colegios, universidades, empresas y gobiernos de estos días están llenos de personas divorciadas, otras vueltas a casar incluso varias veces, matrimonios o uniones libres del mismo sexo, y los hijos e hijas de distintas circunstancias familiares son cada vez más una norma, no una excepción.

Claro que un divorcio es traumático, pero en mi criterio lo es más una relación que se sostiene por las razones equivocadas y arrastra a los hijos a situaciones de inseguridad e incluso violencia doméstica. Las parejas que no pueden negociar una convivencia que sea beneficiosa para ellos y sus niños, deben separarse de la manera más amable, educada y civilizada que les sea posible, poniendo por delante la sanidad emocional de sus miembros.

Una vez que engrosan este ejército de matrimonios terminados, deben aprender la lección de por qué esto no funcionó y en la medida de sus posibilidades buscar la ayuda terapéutica que necesiten, para evitar que se repita la misma historia con otras personas, porque esto lesiona aun más su autoestima y puede traer serios perjuicios a sus hijos. 

Divorciarse o separarse no está mal si luego de haber hecho el mejor esfuerzo posible para tener una buena relación esta no da más, y ser hijo de estas situaciones ya no es un pecado sino parte de una realidad social que se extiende en el mundo. Pero el camino para la recuperación emocional no está necesariamente en encontrar otra pareja lo antes posible, ya que todo proceso doloroso debe sanar y el tiempo es fundamental para esto. Los hijos de una ruptura se sentirán protegidos y seguros en la medida que sus padres y madres asuman que ellos son la prioridad y les den el soporte económico y psicológico que necesitan para adaptarse a ese cambio en sus vidas.

Las cifras presentadas anteriormente son apenas un reflejo de que “las mejores familias”, como las conocimos décadas atrás, son hoy las menos y el incremento de divorcios, las reducciones en los matrimonios convencionales y el surgimiento de otros esquemas distintos de las relaciones familiares, obligan a ver este entorno con una óptica distinta, desprovista de prejuicios y etiquetas que caracterizaron lo distinto en otros siglos.

Mientras antes comprendamos que esta es la nueva realidad, será más fácil lidiar con las vicisitudes que presenta, no peores que las de otras épocas, solo diferentes.

 

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