Silencio peligroso

En el reciente conflicto entre el Estado de Israel y el grupo terrorista Hamas que controla la Franja de Gaza, el cual lamentablemente dejó muchas víctimas, sobretodo del lado palestino, se dijeron en los medios de comunicación y redes sociales alrededor del mundo inexactitudes, mentiras y falsedades que llevaron a manifestaciones antisemitas y anti israelíes en muchos países.

Quiero aclarar que no pongo en duda la dureza de los ataques llevados a cabo por el Estado de Israel para destruir armamento y bases militares en la Franja de Gaza, así como los túneles que Hamas construyó para invadir territorio israelí, dentro de un planeamiento terrorista que llevó mucho esfuerzo y dinero, respaldado por Qatar e Irán, sus grandes patrocinadores.

Tampoco pongo en duda la muerte de mujeres y niños en estos ataques, a pesar de las advertencias hechas por el ejército israelí antes de cada incursión.

Pero sí dudo de las cifras de muertos reales dadas por Hamas durante el conflicto, las cuales fueron desmentidas posteriormente por muchos de los medios internacionales, cuyos periodistas afirmaron al salir de Gaza, que muchas de sus informaciones fueron hechas bajo coacción y con amenazas a su integridad física. Hoy se sabe que de los casi 1800 palestinos muertos, una importante mayoría eran varones entre 19 y 30 años de edad, y este grupo etario reúne a gran parte de los milicianos de Hamas.

Otra de las noticias que llenó titulares e inflamó ánimos antisemitas durante el conflicto fue que el Estado de Israel estaba atacando escuelas y hospitales, cuando al finalizar este también se pudo constatar que muchos de los misiles lanzados al territorio israelí tenían sus bases precisamente en esos lugares, lo cual además era de conocimiento de las autoridades de organismos de Naciones Unidas que operan centros educativos en Gaza.

Así, mientras una nación establecida desde 1948 como tal por las Naciones Unidas, lucha para detener un ataque permanente por parte de Hamas a su territorio y a sus ciudadanos, este grupo terrorista parte de la consigna de su carta constitutiva que apela a la destrucción del Estado de Israel y todos los judíos.

Pero al parecer nadie leyó esta carta fundamental, o peor aun, sí la leyeron, y por eso durante el conflicto en el mundo se agitaron banderas palestinas y, entre otras cosas se llamó genocida al Estado de Israel y asesinos a los judíos.

Si bien la mayoría de estas incendiarias manifestaciones se dieron principalmente en naciones con una gran población de origen árabe musulmán, lo cierto es que en otras como Costa Rica, donde los judíos y árabes somos minorías, se vieron actos de protesta contra el Estado de Israel pero que fueron más allá, uniéndose al coro de la maledicencia y blasfemia antisemita.

Durante los años que tengo de ejercer el periodismo y sentirme orgullosa de ser parte de una de las democracias del mundo, me dolió profundamente ver que en mi país no solo no se apoyaba a otra democracia, con la que además existen lazos de hermandad y cooperación más que cincuentenarios, y sí se salia a defender a un grupo terrorista. No digo que todo el mundo apoyara a Hamas, pero no salieron los defensores del Estado de Israel, salvo honrosas excepciones.

Hace pocos días el periodista israelí Gabriel ben Tasgal, experto en temas de terrorismo y conferencista internacional, dio una charla acerca de este conflicto, sus alcances y lo que sucede ahora en Medio Oriente con la escalada del Estado Islámico.

Mientras trataba de explicar la complejidad de Medio Oriente a los estudiantes de Ciencias Políticas para quienes era su charla, fuera del auditorio se escuchaban nuevamente las consignas contra el Estado de Israel y a favor de lo que los manifestantes llamaban Palestina.

No me malinterpreten ni crean que carezco de conocimiento acerca de la historia de ese territorio a la que me referiré más adelante. La duda que me surge cuando escucho esas consignas anti israelíes y pro palestinas es a qué se refieren precisamente, porque hay varias opciones que, en su simplismo vociferador, los manifestantes ni se las plantean.

Si estamos a favor de un Estado Palestino, y creo que en el mundo muchos lo estamos -y en el Estado de Israel la mayoría de la población también lo quiere- la primera definición es cuál estado debe ser, si uno liderado por la Autoridad Palestina o uno liderado por Hamas y por ende con sus conexiones terroristas hacia otros grupos de Medio Oriente como Hezbolá, los Hermanos Musulmanes o el Estado Islámico.

Porque no es probable que el Estado de Israel negocie nada con una organización que busca su destrucción en lugar de la convivencia como vecinos, algo que al menos con la Autoridad Palestina es menos drástico; para decirlo sencillamente, no es que se quieran, pero pueden tolerarse e incluso visualizar el futuro juntos.

La otra interrogante, la más peligrosa y que inflama ánimos en el mundo, es que muchos consideran que la existencia de un Estado Palestino pasa por la desaparición del Estado de Israel, así de fácil, una nación debe morir para que otra nazca.

Esta barbaridad que no recuerdo se haya dado en la historia reciente del mundo es precisamente el meollo de esta cuestión.

En ese pedazo de desierto sin petróleo ni nada codiciable más que la huella ancestral del ser humano, no hay un espacio que no tenga algo judío, y mientras más se excava más se encuentra historia de este pueblo milenario. Fue con la intención de borrar esa huella que el Imperio Romano cambió el nombre de esa tierra, que se llamaba Judea, por Palestina – como referencia a los filisteos- y luego de la expulsión de la mayoría judía así como la destrucción de su templo, quedó bautizada de esta forma por muchos siglos.

Pero no había ahí un pueblo palestino milenario o algo así, ese era un pedazo de desierto ruinoso con grupos árabes, muchos de estos nómadas, y algunos judíos que permanecieron o fueron regresando a lo que llaman la Tierra Prometida, por la referencia bíblica.

Y así fue durante varias centenas de años, mientras que los judíos en la llamada Diáspora que es el exilio fuera de Israel sufrían persecuciones, matanzas y oleadas constantes de antisemitismo.

Ya desde finales del siglo XIX estaban llegando a esa zona miles de jóvenes sionistas judíos, provenientes de Europa y Estados Unidos, lo que se intensifica con la resolución de la Sociedad de Naciones que antecedió a las Naciones Unidas, cuando al término la Primera Guerra Mundial aprobó el Mandato Británico de Palestina, con la intención de la creación de un hogar nacional para el pueblo judío. Estas inmigraciones crecen en esos años pero se incrementan más durante la Segunda Guerra Mundial.

Luego del Holocausto durante ésta y el genocidio de 6 millones de judíos, en 1947 una naciente Naciones Unidas aprobó finalmente la partición de Palestina en dos Estados, uno judío y uno árabe. Para ese momento, miles de sobrevivientes de esta tragedia trataban de llegar a su Tierra Prometida, pero eran devueltos a campos de refugiados en Chipre, ya que el gobierno inglés no permitía una inmigración judía masiva a pesar de esta resolución.

Finalmente, los ingleses dejaron Palestina y el 14 de mayo de 1948 el Estado de Israel declaró su independencia, siendo reconocido como integrante de las Naciones Unidas desde ese momento hasta la fecha. Pero los países árabes vecinos no aceptaron la resolución de la ONU y atacaron, dándose la primera de varias guerras entre Israel y éstos.

De hecho, durante casi 50 años se habló del conflicto árabe-israelí, y es a partir de los años 70 con el surgimiento de la OLP (Organización para la Liberación de Palestina), grupo terrorista dirigido por Yasser Arafat, que inicialmente declaraba la destrucción del Estado de Israel y el establecimiento de una nación palestina en todo el territorio, que empieza a cambiar esta terminología y el pueblo palestino aparece como tal.

Quiero aclarar algo. No es que el pueblo palestino no existiera, es que antes de 1948 se hablaba de palestinos al referirse a los judíos y árabes que habitaban Palestina, lo que cambia con la declaración del Estado de Israel, ya que sus habitantes pasan a ser israelíes, lo cual se mantiene para los judíos, árabes y cristianos que lo conforman actualmente.

Ya para los años 90 la OLP deja las acciones terroristas y busca ser reconocida como un movimiento político con credibilidad para asumir las riendas de un futuro estado palestino, y se dan una serie de negociaciones con Israel, que culminan con la firma de los Acuerdos de Oslo en 1993.

Estos Acuerdos fueron firmados por Mahmoud Abbas, de la OLP (actual presidente de la Autoridad Palestina), el Ministro de Relaciones Exteriores de Israel, Shimon Peres, el Secretario de Estado de los Estados Unidos, Warren Christopher, y el canciller Andréi Kozyrev por Rusi. Están presentes el representante de la OLP, Yasser Arafat, el Primer Ministro de Israel, Yitzhak Rabin, y el presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton, en una ceremonia oficial y pública en Washington, que llenó de esperanzas al mundo acerca de una solución definitiva para este conflicto.

La Declaración cuenta con un principio de acuerdo que prevé la creación de un autogobierno interino palestino, la Autoridad Nacional Palestina (ANP), transfiriéndole a estos los poderes y responsabilidades en Cisjordania y la Franja de Gaza. Las competencias transferidas a la Autoridad Palestina en determinadas áreas de estas dos regiones consistían en materia educativa, cultura, salud, bienestar social, tributación directa, turismo y el establecimiento de una policía palestina.

Todo esto se ha dado, además de que Israel se retiró voluntariamente de Gaza en 2005 y no hay actualmente asentamientos judíos en esa zona, y menos aun presencia militar.

Sin embargo, quedan mucho por resolver, y para complicar las cosas que no iban tan mal, aparece Hamas, un grupo originado en Egipto a finales de los años 80 y afiliado a los Hermanos Musulmanes que se establece en Gaza e inicialmente realiza obras benéficas y educativas, pero poco tiempo después sus líderes y militantes se involucra en una cadena de atentados suicidas que causan muchas muertes en Israel, ganando de esta forma poder y control en contraposición a la OLP que se ha convertido en un movimiento político, mientras Hamas es un grupo musulmán que busca implantar la sharia de acuerdo a la Yihad islámica.

Precisamente en 2006 gana la mayoría de escaños en el Parlamento palestino que dominaba la Autoridad Palestina (OLP) y a partir de ahí asume control político y militar en Gaza, lo que viene ocasionando los últimos conflictos con el Estado de Israel que, en otros términos, mantiene relaciones bastante positivas con Egipto, Jordania y Arabia Saudita, además de un relativo entendimiento con Abbas.

Traje toda esta historia a colación porque como señalé al inicio, no recuerdo en ninguno de los momentos históricos más difíciles de la historia reciente que salieran a manifestarse masivamente en el mundo para pedir la desaparición de un estado soberano y democrático. Y más aun, porque cuando surja un Estado palestino deberá ser con pleno reconocimiento de los derechos de su vecino más próximo, el primero de estos, su existencia.

No voy a hacer una apología de los logros del Estado judío en estos 66 años de existencia porque no viene al caso. Aunque se tratara del mismo desierto ruinoso que encontraron los sionistas en los años 20 y no la nación de primer mundo que es hoy, nadie tiene derecho a decir algo así.

No lo hacen los judíos cuando hablan de los palestinos y no se debe permitir que suceda.

Cuando en países como Costa Rica se alzan voces de odio, ignorancia y prejuicio, amparadas a curules, medios o docencias, solo puedo pensar que algo muy malo está pasando hoy.

No solo porque esas voces se alzan, sino porque no escuchamos con la misma fuerza a las de la razón, la tolerancia y el respeto.

Ese silencio es mucho, mucho más peligroso que todo lo demás.

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